Caracas.- Los recientes operativos antidrogas desplegados por Estados Unidos en aguas del Caribe y el Pacífico podrían estar dejando un saldo de muertes sin supervisión independiente. Así lo advirtió la directora adjunta de Amnistía Internacional (AI) para Venezuela, Nastassja Rojas, al señalar que la falta de información oficial dificulta evaluar la legalidad de estas acciones.
Rojas, en conversación con EFE desde Bogotá, alertó que los ataques contra embarcaciones sospechosas «puede estar produciendo ejecuciones extrajudiciales sin que exista un solo mecanismo de verificación independiente» y exhortó al Gobierno del presidente Donald Trump a ofrecer «claridad» respecto a los más de 80 fallecidos reportados.
«Los derechos humanos no se desactivan en alta mar, ni por tratarse de operaciones contra el narcotráfico», afirmó la representante de AI, al cuestionar la ausencia de transparencia por parte de Washington.
Preocupación por la falta de datos y verificación independiente
La funcionaria destacó que la opacidad del Gobierno estadounidense limita la labor de las organizaciones de derechos humanos, que buscan verificar si se están cumpliendo los estándares internacionales.
Rojas —académica, investigadora y defensora de derechos humanos— ha dedicado más de diez años a estudiar la situación venezolana desde Colombia. Hace un año asumió la dirección adjunta de Amnistía Internacional para Venezuela, donde coordina las labores de documentación y respuesta ante emergencias.
Su análisis se sostiene en el principio de que todos los Estados deben garantizar que sus operaciones militares, incluso aquellas dirigidas contra el narcotráfico, se ejecuten bajo normas claras, especialmente cuando tienen lugar en aguas internacionales.
Impacto sobre migrantes, pescadores y comunidades costeras
Aunque Washington insiste en que sus acciones apuntan a desarticular redes criminales, Amnistía Internacional advierte sobre posibles efectos colaterales en poblaciones civiles. Según Rojas, las comunidades costeras, pescadores artesanales y migrantes que huyen por rutas marítimas se encuentran particularmente expuestos.
La ONG ha detectado que parte del flujo migratorio venezolano reciente utiliza vías irregulares por mar, lo que eleva su vulnerabilidad ante intercepciones en medio de operativos militares sin protocolos independientes de revisión.
«La migración en condición de irregularidad proveniente de Venezuela ya va a llegar a medio millón de personas (desde las elecciones presidenciales venezolanas de julio de 2024), y la cifra que está subiendo y la que está alimentando ese grupo es precisamente el ingreso por pasos no regulados», precisó Rojas.
Región tensionada por la ofensiva militar estadounidense
La administración Trump ha intensificado en los últimos meses su ofensiva contra organizaciones criminales latinoamericanas, a las que califica como terroristas y con las que sostiene estar en «conflicto armado directo», bajo el argumento de combatir el narcotráfico.
El incremento de la tensión comenzó en agosto, con el despliegue de buques estadounidenses en el Caribe, operación que luego se extendió al Pacífico. Colombia también se incorporó a esta estrategia, impulsada por el secretario de Guerra de EE.UU., Pete Hegseth, bajo el nombre de ‘Lanza del Sur’.
Tanto el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela como el de Gustavo Petro en Colombia —ambos señalados por Trump de tener vínculos con el narcotráfico— denunciaron estos ataques contra embarcaciones como asesinatos y ejecuciones extrajudiciales.
Casos bajo investigación y exigencias de transparencia
«Nuestra misión es resguardar los derechos de las personas y por eso nuestro enfoque está llevado específicamente a que no se sigan cometiendo ejecuciones», afirmó Rojas. Añadió que Amnistía Internacional no ha logrado comunicarse con uno de los pocos sobrevivientes repatriados, el colombiano Jeison Obando.
Obando, de 34 años, regresó a su país el 18 de octubre «con trauma cerebral, sedado, drogado, respirando con un ventilador», según informó entonces el ministro del Interior, Armando Benedetti, durante su llegada.
A este escenario se sumó el arribo, el domingo, del portaaviones USS Gerald R. Ford, el más grande de la flota estadounidense. Su presencia incrementa la presión regional y profundiza las preocupaciones sobre el impacto de la operación militar en curso.
Con información de EFE.

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