Burocratización y control centralizado

Burocratización y control centralizado

No es exagerado afirmar que el modelo administrativo oficial, vigente desde hace más de 20 años en Venezuela, se ha extendido a casi todas las organizaciones políticas que en estos años se han opuesto al oficialismo. Tal contradicción no deja de ser sorprendente, pero es así: el modelo burocrático y de control centralizado impera en la inmensa mayoría de los partidos opositores.

La burocratización implica la degeneración de las estructuras y funciones de los aparatos burocráticos. Esta degeneración provoca una progresiva rigidez que termina liquidando las exigencias de democracia de las bases. El control centralizado, por su parte, significa que cada vez son menos los que tienen capacidad de adoptar decisiones referentes al destino de la organización, sus fines y los medios para alcanzarlos. Por eso, cuanto más centralizado sea el control, más se concentrará la organización en torno a una camarilla. Además, las organizaciones en las que predomina el control centralizado terminan aisladas del entorno cambiante, encerrándose en sí mismas, perdiendo el horizonte. Así que, si los dirigentes no se adaptan, tampoco lo hará la organización.

Muchos ciudadanos esperan que, después de tantos años apoyando un fracasado esquema de oposición, sus representantes expresen una amplia voluntad de cambio y no de arreglos burocráticos excluyentes, que salvan a los dirigentes y hunden al país. Está claro que, sin vida democrática al interior de las organizaciones partidistas, los dirigentes se eternizan y terminan imponiendo sus particulares intereses al resto.

Recientemente, el político y periodista venezolano Jesús Alberto Torrealba Rodríguez, conocido popularmente como Chúo Torrealba, calificaba públicamente como “procesos de simulación” las elecciones internas realizadas en algunos partidos en los que, sorprendentemente, terminaron electos los mismos dirigentes que ya los conducían desde hace muchos años. De manera que, a través de esas elecciones internas, “cambiaron todo para que no cambiara nada”. Chúo se refirió también a las direcciones caraqueñas de los partidos que terminaron convertidas en “profesionales de la oposición” porque les resulta un gran negocio.

Así que mientras la democracia sea sólo una consigna será muy difícil construir un cambio.

Por Luis Loaiza Rincón


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