En las riberas del Lago de Maracaibo, lo que para la industria pesquera es basura, para la ciencia venezolana es esperanza.
Investigadores de la Fundación Instituto Zuliano de Investigaciones Tecnológicas (Inzit) lograron transformar los exoesqueletos descartados del cangrejo azul en quitosano.
Este es un biopolímero capaz de regenerar tejidos en pacientes con quemaduras de segundo y tercer grado.
El proceso liderado por los doctores Adrián Chávez y Sabrina Acevedo muestra cómo el quitosano se convierte en láminas o apósitos biológicos que actúan como una segunda piel.
Recientemente, estos insumos fueron entregados al Hospital Coromoto de Maracaibo, un referente en el tratamiento de quemados, demostrando que la solución a grandes crisis sanitarias puede estar oculta en los residuos de la pesca local.
Se destaca, según un comunicado del Ministerio del Poder Popular para Ciencia y Tecnología (Mincyt), que estudiantes de la Escuela Técnica Cacique Mara participaron en la extracción selectiva de los caparazones bajo protocolos de rigor científico.
Es el primer eslabón de una cadena de producción que busca independizar al sistema de salud de las costosas importaciones de parches sintéticos.
La presidenta del Inzit, Mayuli Urdaneta, sitúa este avance como un pilar estratégico: la biología del Lago puesta al servicio de la supervivencia humana.
El proyecto, fortalecido por el aporte de ejemplares del Centro Nacional de Investigación de Pesca y Acuicultura (Cenipa), cierra un círculo virtuoso.
Y es que, lo que antes contaminaba las orillas hoy se procesa, purifica y termina en las unidades de cuidados intensivos, protegiendo el núcleo celular y acelerando una recuperación que, hasta hace poco, dependía exclusivamente de mercados extranjeros.
Con información de El Nacional
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