El presidente colombiano, Gustavo Petro, abogó por un periodo de transición compartida entre el chavismo y la oposición, mientras desestimó las acusaciones sobre el «Cartel de los Soles», apuntando hacia una red global de narcotráfico mucho más compleja.
En un movimiento diplomático que busca marcar posición ante la compleja situación política de la región, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, confirmó que viajará a Caracas el próximo 24 de abril para sostener un encuentro oficial con la mandataria encargada, Delcy Rodríguez.
En declaraciones previas al viaje, Petro utilizó la máxima popular «si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma» para justificar su disposición al diálogo, en un contexto marcado por su reciente inclusión en la lista de sancionados de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de Estados Unidos.
Distancia frente a la gestión de Maduro
A pesar de la fluidez que caracterizó sus encuentros con Nicolás Maduro durante su gestión —antes de su detención en Nueva York tras una operación militar estadounidense—, el jefe de Estado colombiano fue enfático al desmarcarse de cualquier vínculo personal con el exmandatario.
«No fui amigo de Maduro», subrayó Petro. El mandatario explicó que la divergencia fundamental radicaba en la visión económica: mientras él impulsa una agenda progresista enfocada en la descarbonización, el modelo venezolano sigue atado a una dependencia histórica de los hidrocarburos, que, a su juicio, constituye el origen de los problemas estructurales del país.
El nuevo paradigma del crimen organizado
Uno de los puntos más reveladores del discurso de Petro fue su análisis sobre el narcotráfico en la frontera. El mandatario puso en duda la existencia operativa del denominado «Cartel de los Soles» bajo los términos convencionales. En su lugar, describió la consolidación de una red trasnacional que denominó el «Cartel de la Junta del Narcotráfico».
Según el presidente, esta organización —compuesta por mafias de origen albanés, italiano y mexicano, con centros de operación en Dubái— representa una amenaza sin precedentes. «Es una confederación muy poderosa, Pablo Escobar se queda en pañales ante eso», advirtió, describiendo un fenómeno de «multicrimen» que abarca desde la trata de personas hasta el tráfico de órganos.
Sobre la situación judicial de Maduro, Petro sugirió que, de comprobarse delitos, el caso debería ser dirimido por tribunales venezolanos o una instancia internacional especializada, cuestionando así la narrativa de las acusaciones actuales.
Hacia una salida democrática: la propuesta de «cogobernanza»
Durante la entrevista, Petro reveló haber aconsejado a Maduro en el pasado abandonar el poder para permitir que el chavismo experimentara la oposición, un proceso que, según él, permite la «depuración» política. Ante la negativa de ese entonces y el temor ciudadano a una posible «vendetta» política tras el retorno de María Corina Machado, el mandatario colombiano puso sobre la mesa una alternativa:
Esquema de transición: Implementar un periodo de «cogobernanza» entre el oficialismo y la oposición por un lapso de uno a dos años.
Elecciones legítimas: El objetivo de este esquema sería preparar el camino hacia «elecciones libres de verdad».
Levantamiento de sanciones: Petro calificó las condiciones electorales actuales bajo sanciones como una «extorsión», reiterando que las votaciones previas carecieron de legitimidad al excluir a sectores fundamentales de la oposición.
El mandatario concluyó con una reflexión sobre la soberanía energética: para Petro, la dependencia del petróleo es la «maldición de Venezuela» y una amenaza climática global. Aseguró que la verdadera libertad para el vecino país solo llegará cuando logre trascender su modelo extractivista actual.
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