Caracas.- El economista e internacionalista, José González, director de GCG Advisors con sede en Nueva York, considera que la situación actual de Venezuela presenta una serie de obstáculos estructurales y coyunturales que denomina «cuellos de botella» que impiden que la economía aproveche su potencial.
El experto en economía global, especialmente en América Latina y mercados energéticos, opina que la Tercera Guerra del Golfo, en la medida en que se siga prolongando, va a empezar a tener efectos significativos en la economía mundial por el impacto en el incremento del precio del crudo y su mantenimiento a niveles altos”.
Precisó que “en la medida que el petróleo se mantenga a los niveles de 100 mil el barril por mes, va a incrementarse 10 dólares, que no va a devolver al mercado”.
Explica que si el conflicto se prolonga y el escenario empieza a ser el de Ucrania-Rusia, “podría suceder lo mismo en Irán, el petróleo sigue subiendo, el FMI dice que por cada $10 que sube el barril hay un impacto de 0.1% en la inflación global y entre 0.1% y 0.4% en el crecimiento global”.
Subraya que si la guerra se alarga, la inflación americana se controla porque los combustibles no suben por 3 años, las tasas de interés tienen que subir y nos enfrentamos a inflación, desaceleración y todo este proceso es positivo para Venezuela”.
En cuanto a los cuellos de botella que enfrenta Venezuela, el analista financiero internacional destaca que las sanciones no se están levantando, se están dando licencias, pero “se están manteniendo las sanciones”.
Advierte que además la OFAC está sobrepasada porque “los mismos funcionarios que firman las licencias de Venezuela son los que lidian con las licencias de Irán y las licencias de Rusia”.
Asimismo, apunta que aun la relación diplomática entre Caracas y Washington está en vías de formalizarse y “para que los fondos fluyan adecuadamente hay que levantar la sanción al Banco Central de Venezuela”.
Igualmente para que “el directorio del Fondo Monetario Internacional -FMI- reconozca a Venezuela y la reincorpore al fondo, tiene que haber un consenso entre EEUU que tiene 14% del capital y los directores europeos, que tienen una agenda que no necesariamente se alinea con la de la Administración Trump y que tiene que ver con La ley de Amnistía y su aplicación, pero eso viene y, una vez que se reconozca Venezuela en el fondo, tenemos acceso inmediato a los derechos de sobregiro, que son 5.000 millones de dólares”.
Advierte que el problema de corto plazo son esos “cuellos de botella”.
No obstante, considera que “hay una curva de aprendizaje desde EEUU que está siendo aplicada a Venezuela con sensibilidad y racionalidad”, para no cometer los mismos errores que en Irak.
Con información de Unión Radio

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