Los Ángeles, California.- El 18 de febrero, en un tribunal abarrotado de familias, Mark Zuckerberg, director ejecutivo de Meta, testificó en un caso histórico de adicción a la tecnología contra Meta y YouTube.
Según el Financial Times, el caso surge en un momento en que las plataformas enfrentan un ajuste de cuentas sobre si sufrirán consecuencias legales por los daños que presuntamente provocan a las generaciones más jóvenes, con comparaciones que asemejan el caso a la ofensiva judicial contra las grandes tabacaleras en los años noventa.
El juicio de Los Ángeles es uno de varios casos piloto que marcarán la dirección de miles de demandas similares, las cuales sostienen que las plataformas de las grandes tecnológicas causan daños específicos al desarrollar productos deliberadamente adictivos.
En este caso, la demandante conocida como KGM, de 20 años, sostiene que se volvió adicta a Instagram de Meta y YouTube de Google durante su infancia, lo que le provocó problemas de salud mental, como ansiedad y depresión.
Snap y TikTok que se encontraban ante situaciones semejantes llegaron a acuerdos confidenciales antes del inicio del proceso.
De Cambridge Analytica a Frances Haugen: advertencias ignoradas
El juicio no ocurre en el vacío. Desde el 2018, la compañía arrastra cuestionamientos globales. El escándalo de Cambridge Analytica reveló el uso de datos de millones de usuarios de Facebook con fines políticos, evidenciando el poder algorítmico acumulado por la plataforma.
En 2021, Frances Haugen, ex gerente de producto de Facebook, filtró miles de documentos internos que mostraban que la empresa conocía los efectos negativos de Instagram sobre adolescentes, particularmente sobre su autoestima e imagen corporal. Haugen afirmó entonces que la empresa priorizaba “las ganancias por encima de la seguridad”, tal como lo especifiqué en una nota sobre el tema.
De acuerdo con lo expuesto en el actual juicio, documentos internos muestran que Zuckerberg habría ignorado solicitudes de ejecutivos para destinar más recursos al bienestar de los usuarios. También se presentan correos electrónicos que demuestran debates internos sobre los efectos de la dopamina vinculados al uso intensivo de las redes sociales y una política conocida como “17x strikes” para cuentas involucradas en el “tráfico de personas con fines sexuales”.
Meta rechaza estas acusaciones. Sostiene que la investigación científica no prueba la adicción clínica y que otros factores podrían haber provocado los problemas de salud mental de los demandantes. Además, la empresa invoca la Sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones, la disposición legal estadounidense que limita la responsabilidad de las plataformas sociales por contenido generado por los usuarios.
El escándalo de Cambridge Analytica reveló el uso de datos de millones de usuarios de Facebook con fines políticos, evidenciando el poder algorítmico acumulado por la plataforma
Los demandantes responden que el problema no es el contenido, sino el diseño: “me gusta”, desplazamiento infinito, notificaciones constantes y sistemas de recomendación pensados para maximizar la permanencia.
Este debate conecta con algo que ya veníamos observando a mediados de septiembre en “Mi amigo es una IA”: la expansión del mercado hacia los bienes relacionales y la gestión afectiva. En entrevistas recientes Zuckerberg planteó la idea de amigos virtuales para combatir “la epidemia de soledad”. En un contexto donde la OMS estima que el 5,7 % de los adultos padecen depresión y el suicidio es la tercera causa de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años, la promesa de compañía digital frente al “déficit afectivo” abre un horizonte de mercado profundamente rentable.
Doomscrolling y brain rot: redes sociales y salud mental
En diciembre de 2024, Oxford University Press eligió “brain rot” (podredumbre cerebral) como la palabra año. El término creció un 230% en su uso y describe el estado mental asociado al consumo excesivo de contenido trivial en redes.
En Psicología, el fenómeno conocido como doomscrolling -desplazarse compulsivamente por las redes sociales consumiendo contenido negativo- se ha vinculado con ansiedad, insomnio y la sensación de vacío. La expresión “doom” suele hacer referencia a una condena o destino fatídico: vagar de publicación en publicación suele generar a menudo una sensación de malestar causado por el tiempo perdido.
Adam Mosseri, director de Instagram, declaró ante el tribunal que no considera que el uso intensivo constituya una “adicción clínica”. Según su perspectiva, 16 horas de uso de Instagram en un solo día son “problemáticas” pero no equivalen a una adicción. Sin embargo, investigaciones internas exhibidas en el juicio muestran que un porcentaje significativo de adolescentes reporta malestar en la plataforma.
Tal como ocurre con los sistemas de IA y su tendencia a la adulación, que dicen al usuario lo que quiere escuchar, el diseño algorítmico moldea conductas. Cualquier recompensa estructurada en forma de “likes”, notificaciones y contenido personalizado activa circuitos similares a otros hábitos compulsivos y genera dependencia.
En diciembre de 2024, Oxford University Press eligió “brain rot” (podredumbre cerebral) como la palabra año. El término creció un 230% en su uso y describe el estado mental asociado al consumo excesivo de contenido trivial en redes
Por eso, más que preguntarnos si las redes causan daño, conviene avanzar en qué tipo de arquitectura digital estamos naturalizando como mediación para generaciones que ya ingresan al territorio digital desde la infancia.
Prohibición para menores de 16 años: China, Australia y el manotazo regulatorio
Mientras los tribunales deliberan, varios gobiernos aplican regulaciones restrictivas.
Australia implementó una prohibición para que menores de 16 años no puedan crear ni mantener cuentas en las principales plataformas. Un estudio encargado en 2025 reveló que el 96 % de los niños de entre 10 y 15 años usaban redes sociales y que siete de cada 10 habían estado expuestos a contenido dañino. Aunque aún enfrenta desafíos técnicos, como el uso de VPN o cuentas falsas, esta iniciativa sienta un precedente a nivel mundial.
Por su parte, en 2021 China ya había anunciado límites al tiempo de uso infantil de videojuegos como medida necesaria para eliminar la creciente adicción a lo que catalogaron como "opio espiritual" y en 2023 avanzaron sobre la restricción horaria nocturna en el acceso a internet de menores de 18 años y la limitación del tiempo diario de conexión en teléfonos inteligentes para jóvenes y para menores de ocho años solo 40 minutos.
En Europa, Francia, Dinamarca y España debaten iniciativas similares. En América Latina Puerto Rico y Brasil se adelantan con exigencias de verificación robusta de edad. En agosto, la Cámara de Diputados de Brasil aprobó una ley que amplía las obligaciones de las plataformas para proteger a menores, incluyendo la vinculación de cuentas de adolescentes a tutores legales.
La economía política de las plataformas y el modelo basado en capturar atención desde edades tempranas enfrenta límites políticos explícitos.
Si los demandantes logran demostrar que las opciones de diseño de Meta, como el desplazamiento infinito, los Reels y el botón Me gusta, son dañinas y adictivas, la empresa podría enfrentar fuertes multas y verse obligada a realizar cambios en sus plataformas, advierte Axios.
Mucho más que un testimonio
En medio de un contexto encandilado por las listas de milmillonarios vinculados a Jeffrey Epstein, el testimonio de Mark Zuckerberg no pasa desapercibido. No es solo la aparición de un CEO frente a un jurado sino la exposición pública de un modelo que convirtió la atención infantil en activo financiero.
Desde una perspectiva social y política, el juicio puede llegar a cuestionar la lógica de acumulación que durante décadas buscó simular el diseño adictivo bajo la etiqueta de innovación. Lo que hoy se discute es el sentido mismo del desarrollo tecnológico y de una técnica prisionera del capital.
No queda más camino que seguir empujando para que los silencios cómplices no vuelvan a ser la salida fácil de las élites y su programa civilizatorio decadente, sino que se abra paso al grito de las nuevas generaciones y su búsqueda de un nuevo porvenir más justo y digno.
Con información de Radio Red

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