Washington, EE UU.- Un notable incremento de la presencia militar de Estados Unidos en el Caribe Sur ha despertado inquietud tanto en Caracas como entre especialistas estadounidenses, quienes se preguntan si la maniobra está realmente dirigida contra los carteles del narcotráfico, como sostiene la administración de Donald Trump, o si responde a otros fines estratégicos.
De acuerdo con reportes oficiales, siete buques de guerra estadounidenses y un submarino nuclear de ataque rápido se encuentran ya en la región o tienen previsto llegar en los próximos días, con más de 4.500 marinos e infantes a bordo.
El presidente Donald Trump aseguró que combatir el narcotráfico era una de las prioridades de su gobierno. Fuentes oficiales citadas por Reuters indicaron que el operativo militar tiene como propósito contrarrestar amenazas provenientes de organizaciones criminales vinculadas al comercio de drogas.
Stephen Miller, quien ejercía como subdirector de gabinete de la Casa Blanca, sostuvo que la movilización estaba destinada a «combatir y desmantelar organizaciones de tráfico de drogas, carteles criminales y estas organizaciones terroristas extranjeras en nuestro hemisferio».
Sin embargo, especialistas en seguridad cuestionan la eficacia de ese despliegue, pues gran parte del tráfico marítimo de cocaína hacia Estados Unidos se canaliza por el Pacífico y no por el Atlántico, donde se concentran las fuerzas navales. Además, los envíos que ingresan por el Caribe suelen llegar en vuelos clandestinos.
Caracas denuncia amenaza contra su soberanía
Autoridades venezolanas consideran que el verdadero objetivo de Washington no es la lucha antidrogas, sino el propio Gobierno de Nicolás Maduro.
A comienzos de agosto, Estados Unidos duplicó a 50 millones de dólares (USD) la recompensa por información que condujera al arresto del mandatario venezolano, acusado por Washington de narcotráfico y nexos con redes criminales.
Maduro, el ministro del Interior Diosdado Cabello y el embajador venezolano ante la ONU, Samuel Moncada, denunciaron que la presencia naval estadounidense constituye una amenaza contra el país y una violación de tratados internacionales. Asimismo, rechazaron las acusaciones de vínculos con el narcotráfico.
«Venezolanos saben quién está detrás de estas amenazas militares de Estados Unidos contra nuestro país», declaró el ministro de Defensa, general Vladimir Padrino, en un acto de defensa civil. «No somos narcotraficantes, somos un pueblo noble y trabajador».
“Diplomacia de cañonero”
Aunque es habitual la presencia de naves de la Guardia Costera y la Armada de EE. UU. en el Caribe, el actual despliegue supera los patrones regulares. Entre los barcos desplazados se encuentran el USS San Antonio, el USS Iwo Jima y el USS Fort Lauderdale, capaces de transportar helicópteros e incluso lanzar misiles Tomahawk.
De forma paralela, el Pentágono ha desplegado aviones espía P-8 sobre aguas internacionales para labores de inteligencia.
David Smilde, experto en Venezuela de la Universidad de Tulane, opinó que los movimientos militares buscan presionar al Gobierno de Maduro: «Creo que lo que intentan es poner la máxima presión, una presión militar real, sobre el régimen para ver si logran que se quiebre», explicó. Y añadió: «Es diplomacia de cañonero. Son tácticas pasadas de moda».
Washington insiste en la narrativa antidrogas
Pese a las críticas, la Casa Blanca defendió el operativo. «El régimen de Maduro no es el gobierno legítimo de Venezuela. Es un cartel narco-terrorista. Maduro no es un presidente legítimo. Es un fugitivo, cabecilla de este cartel de la droga», afirmó la secretaria de prensa Karoline Leavitt.
Moncada, en contraste, calificó la maniobra como una estrategia para justificar «una intervención contra un presidente legítimo».
Aunque Caracas ha advertido sobre una posible invasión, fuentes militares estadounidenses reconocen que las fuerzas desplegadas no tienen la magnitud suficiente para sostener una operación de gran escala. Como referencia, recuerdan que en 1989, durante la invasión a Panamá para capturar a Manuel Noriega, Washington movilizó cerca de 28.000 efectivos.
Christopher Hernández-Roy, analista del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington, sostuvo que el despliegue podría responder a diferentes propósitos: «Es demasiado grande para tratarse solo de drogas. Es demasiado pequeño para una invasión. Pero es lo suficientemente significativo como para que esté allí para hacer algo».
Con información de Reuters.

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