Los 20 preceptos de la "Realpolitik"



Por: Luis Loaiza Rincón *


 

El realismo político o "realpolitik" es la política o diplomacia basada principalmente en consideraciones dadas por las circunstancias y no por las nociones ideológicas o premisas éticas y morales. Sólo la realidad, al someter los principios y las doctrinas al juicio de la experiencia, constituye el parámetro para medir la conveniencia o inconveniencia de una línea de acción.

 

Como la política no inventa la realidad, debemos aceptarla y servirnos de ella. Lo único que el hombre de Estado no puede permitirse es ignorar los hechos, porque no encajen en las teorías que tiene para interpretarlos.

 

Otto von Bismarck (1815-1898), el "canciller de hierro", fue quien acuñó el término "realpolitik", buscando equilibrar el poder entre los imperios europeos para alcanzar la paz. Tal equilibrio implicaba crear y mantener un sistema de alianzas internacionales que aseguraran la supremacía y seguridad del imperio alemán. Desde el realismo político se buscó, entonces, que ese equilibrio evitara la carrera armamentista y, con ello, la guerra, pero el abandono y sustitución de sus preceptos facilitó el involucramiento de Alemania en la ruta que desembocó en la Primera Guerra Mundial.

 

Los cultores de esta perspectiva no tienen problemas para ceder en algunos de sus principios si es necesario, con tal de conseguir cierto progreso en otros, considerados más importantes o centrales.

 

Veamos 20 de los más importantes preceptos del realismo político, desde el contexto de la Europa de Bismarck.

 

1.- La política es la lucha por el poder y sólo los Estados tienen poder, luego éstos son los actores fundamentales, sin que los principios de la moral universal se apliquen a sus actos.

 

2.- En términos de política exterior, los Estados se justifican por su mera existencia, prescindiendo de considerar el grado de ecuanimidad, nobleza, justicia o legalidad que tengan. En esta materia priva la conveniencia de los Estados.

 

3.- La guerra es sólo uno de los muchos expedientes de los cuales puede valerse una política para consumar sus fines.

 

4.- La política se reduce a, y se resume en, la toma de decisiones y adoptar una decisión supone siempre vulnerar algún interés, que debe ser, en la medida de lo posible, tomado por sorpresa para inutilizar su reacción.

 

5.- Decidir no significa hacer algo a cualquier precio. Toda decisión política se adopta sobre un doble eje prudencia/imprudencia y eficacia/ineficacia, y no sobre el eje verdad/falsedad o bien/mal.

 

6.- No hay reglas eternas. La política se desenvuelve en el reino de lo particular y contingente, por tanto, toda decisión es situacional y ocasional, nunca atemporal o permanente.

 

7. Ni los amigos, ni los enemigos, ni siquiera los intereses de los Estados, son permanentes, por lo que debe evitarse en lo posible toda enemistad fundamental y duradera.

 

8. Toda decisión debe ser tomada con un preciso sentido del "timing" y toda decisión estratégica supone riesgos.

 

9. Decidir estratégicamente es saber determinar con anticipación hacia dónde será necesario volcar el grueso de las capacidades del Estado en el momento crucial.

 

10. Entre el aniquilamiento del otro y la rendición propia, según se gane o se pierda, está la maniobra. Así como en términos estratégicos se maniobra, en términos políticos se negocia.

 

11. Antes de negociar es preciso fortalecer, hasta donde sea posible, la posición negociadora y siempre debe otorgársele la oportunidad al adversario de salvar su rostro y retroceder.

 

12. La paz se entiende en término de equilibrio de enemistades y este equilibrio aparece cuando se asume que el conflicto, lejos de ser una patología, es inherente a las relaciones interestatales y, como no puede suprimirse, se evita o retrasa.

 

13. Las alianzas existen no porque sus signatarios coincidan en todas y cada una de sus apreciaciones políticas, o porque tengan intereses absolutamente comunes o coincidentes, sino porque consideran que los riesgos de no hacerlo son mayores.

 

14. En política nadie hace algo por otro a menos que se beneficie a sí mismo y no hay ni certezas absolutas ni resultados definitivos.

 

15. Salvo excepciones, los acuerdos postbélicos no hacen más que ratificar lo que se ha obtenido en la guerra. Por eso, cuanto se defienda y la fuerza para hacerlo deben ser geométricamente proporcionales.

 

16. Dado que buena parte de los problemas políticos no tienen solución definitiva, sino un arreglo generalmente provisional, en toda negociación hay que estar dispuesto a conceder algo. Aquí aplica el adagio clásico do ut des.

 

17. La defensa del Estado se vertebra siempre en función de la enemistad. Esto no implica que el enemigo deba ser aniquilado.

 

18. Al enemigo no hay que odiarlo, hay que procurar entenderlo. La enemistad es parte indisoluble de la política. Puede haber acuerdo entre enemigos. El acuerdo es imposible, en cambio, si el enemigo es satanizado y convertido en hereje. El enemigo es una categoría política, y la política es transacción. El hereje es una categoría religiosa y los dogmas religiosos no se discuten.

 

19. Hay que tener siempre en cuenta, más que las intenciones del adversario, sus efectivas capacidades.

 

20. Siempre debe tenerse a mano más de una alternativa y saber esperar y obrar conforme a los errores del enemigo o adversario. En política siempre se depende de decisiones ajenas.




*). Politólogo. Profesor ULA. Diputado A.N.

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