Por: José Miguel Lara Mania *
El problema de una ciudadanía sin formación, lo enfrentaron desde hace mucho años los Griegos. 400 A.C Sócrates vivía en una Atenas en la que se había perdido el respeto por la ley, el compromiso con la ciudad y la política era llevada a cabo por demagogos que habían hecho que se perdiera la relación Ciudadano-Polis que le había dado gloriosos tiempos a Atenas.
Esta situación lleva a Sócrates a plantearse una nueva concepción de ciudadanía, donde la persona que se considera ciudadano, a partir de su interioridad y racionalidad descubre la importancia moral de adquirir el compromiso de servir a su ciudad.
Al hablar de ciudad, la lengua griega distingue entre su aspecto material (casas, edificios, calles, plazas) y su aspecto institucional (las leyes, normas, instituciones y costumbres ciudadanas). Para referirse a lo primero usaban el término àsty y para referirse a los segundo usaban la palabra Polis.
De manera que cuando los griegos hablaban de polis se referían a una serie de instituciones (tribunales, magistrados, fiestas religiosas, teatros, asambleas de ciudadanos, entre otras) de normas y de costumbres cívicas que posibilitaban la convivencia ciudadana, lo que se llama civilidad.
Es decir, que la ciudadanía reside en el comportamiento de los ciudadanos, porque designa un conjunto de conductas, normas e instituciones ciudadanas que sólo tienen existencia real cuando existe un conjunto de personas que comparten una historia y deciden construir un destino común bajo estos conceptos en la polis.
En síntesis, la Ciudad no es solo edificios, muros, centros comerciales, plazas, calles y autopistas. La ciudad son los valores, normas sociales, movimientos culturales e instituciones, es decir, la ciudad no existe fuera del hombre, la ciudad es el espíritu colectivo de sus ciudadanos y es en ese espíritu colectivo donde reside la ciudadanía.
De manera que este flagelo de una ciudadanía sin formación, que no entiende donde reside la grandeza de la ciudad, lo enfrentó Sócrates muchos años antes de Cristo y lo enfrentamos hoy los venezolanos.
Los venezolanos debemos replantearnos nuestra conducta cívica para dejar atrás ciertas taras sociales, la creencia de que la viveza criolla nos hace mejores y que solo los más fuertes y valientes pueden imponer su verdad. A los venezolanos nos urge rescatar el concepto de ciudadanía y refundar nuestras ciudades en el acervo de valores que realmente nos hacen grandes para entender que las mejores ciudades las construyen los hombres justos.
*).- Consultor digital. Estudioso de los temas de ciudadanía, política y sociedad.
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