A raíz de que la AN nombró una comisión para elaborar un proyecto de Ley de Educación Universitaria, públicamente se han realizado diversas consideraciones:
1. Que todos los sectores de la vida universitaria deberían participar en la redacción de una nueva Ley de Educación Universitaria que permita alcanzar mayor inclusión, calidad, pertinencia y formación de profesionales de primera.
2. Que la realidad del mundo de hoy exige un marco legal que permita a las universidades enfrentar con éxito los desafíos de la civilización del conocimiento.
3. Que las universidades diversifiquen sus fuentes de financiamiento y que los docentes y trabajadores reciban un salario digno y cuenten con adecuada protección social.
El diputado a la Asamblea Nacional, Luis Loaiza Rincón, dijo que esperamos que esta iniciativa no corra con la misma suerte de las anteriores que fueron desechadas y que la discusión de una nueva Ley de Educación Superior efectivamente sirva para generar conciencia sobre la grave situación de las universidades y para iniciar la superación de sus grandes problemas.
Es evidente que la autonomía universitaria, principio fundamental para el logro de los cometidos universitarios, se encuentra seriamente vulnerada; que varias sentencias del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) impiden la celebración de los procesos electorales en las universidades autónomas; que la asignación presupuestaria cada vez más deficitaria ha generado una crisis institucional de grandes dimensiones y que el control centralizado de esos recursos y la anulación de los mecanismos autónomos de selección estudiantil, desnaturalizan la dinámica del sector, señaló el parlamentario merideño
Hoy, las universidades sobreviven al borde del colapso total, se ha descapitalizado su patrimonio intelectual y las condiciones laborales de profesores, trabajadores administrativos, técnicos y obreros son paupérrimas. Las universidades además enfrentan la debacle de su infraestructura y el atraso tecnológico de su equipamiento.
Sin embargo, la superación de la compleja problemática universitaria exige, además de nuevas normas, un gran acuerdo nacional que convierta a las universidades en el motor que haga posible la construcción de un mejor país. Los universitarios no deberíamos quedarnos al margen de la discusión de estos temas, finalizó Loaiza
1. Que todos los sectores de la vida universitaria deberían participar en la redacción de una nueva Ley de Educación Universitaria que permita alcanzar mayor inclusión, calidad, pertinencia y formación de profesionales de primera.
2. Que la realidad del mundo de hoy exige un marco legal que permita a las universidades enfrentar con éxito los desafíos de la civilización del conocimiento.
3. Que las universidades diversifiquen sus fuentes de financiamiento y que los docentes y trabajadores reciban un salario digno y cuenten con adecuada protección social.
El diputado a la Asamblea Nacional, Luis Loaiza Rincón, dijo que esperamos que esta iniciativa no corra con la misma suerte de las anteriores que fueron desechadas y que la discusión de una nueva Ley de Educación Superior efectivamente sirva para generar conciencia sobre la grave situación de las universidades y para iniciar la superación de sus grandes problemas.
Es evidente que la autonomía universitaria, principio fundamental para el logro de los cometidos universitarios, se encuentra seriamente vulnerada; que varias sentencias del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) impiden la celebración de los procesos electorales en las universidades autónomas; que la asignación presupuestaria cada vez más deficitaria ha generado una crisis institucional de grandes dimensiones y que el control centralizado de esos recursos y la anulación de los mecanismos autónomos de selección estudiantil, desnaturalizan la dinámica del sector, señaló el parlamentario merideño
Hoy, las universidades sobreviven al borde del colapso total, se ha descapitalizado su patrimonio intelectual y las condiciones laborales de profesores, trabajadores administrativos, técnicos y obreros son paupérrimas. Las universidades además enfrentan la debacle de su infraestructura y el atraso tecnológico de su equipamiento.
Sin embargo, la superación de la compleja problemática universitaria exige, además de nuevas normas, un gran acuerdo nacional que convierta a las universidades en el motor que haga posible la construcción de un mejor país. Los universitarios no deberíamos quedarnos al margen de la discusión de estos temas, finalizó Loaiza
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