DOCUMENTOS DE GEOPOLÍTICA


¿DE DONDE VIENE RUSIA?
Por: Luis Loaiza Rincón
Politólogo, profesor de la Universidad de Los Andes.

Si tuviéramos que caracterizar a Rusia utilizando un solo término ese sería "expansionismo". Al observar el mapa y contemplar la magnitud continental del espacio que ocupa y las direcciones y modalidades de la expansión primigenia de Moscovia y de Kiev, sólo nos queda pensar en una hazaña colectiva, sostenida en el tiempo.

La conversión rusa en uno de los imperios de la pólvora le permitió llevar sus fronteras hasta Astrakán en el sur y hasta Siberia en el este. Iván III (1440-1505) fue quien, además de proclamar a Moscú como capital del Imperio Romano de Oriente, convirtió al Dniéper en frontera occidental de Rusia. Iván IV (1530-1584) el Terrible, fue quien se apoderó de Kazán y de Astrakán, abrió una salida al Báltico, consolidó un segundo puerto internacional en la ciudad de Arkángel y continuó la campaña de conquista de Siberia, la cual sólo pudo terminarse en 1645. Pedro I (1672-1725) el Grande fue quien hizo viable la aspiración que encierra esta consigna: "Dadme agua, porque tierra ya la tengo". Eso permitió que se buscaran nuevas salidas al mar, especialmente al Negro y al Báltico. Catalina II, (1729-1796) la Grande fue la zarina bajo cuyo reinado se sometió a Crimea, uno de los más importantes trofeos del expansionismo ruso.

Ya para el siglo XVIII la magnitud e importancia de Rusia la habían convertido en una potencia europea y su expansión continuará indetenible durante los siglos XIX y XX. Además, su ubicación geográfica, de flanco, resulta excepcional porque le otorga la capacidad de intervenir en las luchas de la Europa Occidental-Central al tiempo que geográficamente queda protegida de los estados de la zona.

Rusia también se ha caracterizado por enmarcar la convivencia y síntesis de lo distinto. Es innegable que dicha región ha sido penetrada por la tensión que genera el contacto y asimilación de lo disímil. Por ejemplo, en el plano étnico (que es por cierto una de las claves más complejas para descifrar los problemas rusos actuales y futuros), godos, hunos, ávaros, kázaros, eslovacos, fineses y varegos o rusos no han sido sino parte de un continuo y aún inconcluso proceso.

A la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), Rusia se convirtió en el centro de una nueva estructura de poder que busca conservar hegemonía e influencia en la zona. Desde 1991 le correspondió a Rusia recomponer el espacio que antes ocupaba la URSS dado que se produjo un efecto dominó con las declaraciones de independencia que desintegraron esa potencia. Las repúblicas soviéticas se separaban de la Unión y, a su vez, algunas de las regiones integradas a tales repúblicas, exigieron también su independencia. No obstante, Rusia se declaró a sí misma heredera de los compromisos internacionales de la URSS y pasó a ocupar su lugar en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Con la conformación de la Comunidad de Estado Independientes (CEI), formalizada a través del Tratado de Minsk, se selló definitivamente la desaparición de la URSS. Con esas siglas Rusia, Ucrania y Bielorrusia bautizaron su alianza en 1991. Posteriormente, el 21 de diciembre de 1991, se firmó un nuevo tratado para oficializar la adhesión a la CEI de Azerbayán, Armenia, Moldavia, Turkmenistán, Uzbekistán, Kazajstán, Kirguizia y Tayikistán. Es decir, todos los integrantes de la antigua unión, a excepción de las tres repúblicas bálticas y de Georgia que tardará dos años en adherirse.

Para mediados de junio de 1992 la situación es otra. En el seno de la Comunidad las buenas intenciones que prevalecieron al principio cambiaron y afloró su debilidad. La CEI se reducía a una alianza político militar de Rusia con las repúblicas centroasiáticas, porque Ucrania y Moldavia siguieron sus propios pasos, Armenia y Azerbayán se sumieron en un conflicto bélico y los azeríes decidieron, previa consulta, romper con ella, reduciendo además sus relaciones con Rusia a eventuales acuerdos económicos bilaterales. Les interesaba en mayor medida privilegiar sus relaciones con Turquía y Estados Unidos.

Para la fecha, ni la CEI ni Rusia habían sido capaces de resolver ningún conflicto interrepublicano. El futuro de la Península de Crimea y de la flota del Mar Negro, principales contenciosos entre rusos y ucranianos, la guerra de baja intensidad en la región moldava del Dniéster (habitada mayoritariamente por rusohablantes que proclamaron la república independiente del Transdniéster), la batalla por el control de Nagorno Karabaj (enclave armenio en Azerbayán) y la suerte de la región georgiana de Osetia del Sur (que había proclamado su independencia de Georgia y deseaba unirse a la rusa Osetia del Norte) no sólo no habían sido resueltos, sino que amenazan con convertirse en conflictos permanentes.

En este sentido es oportuno destacar el "dilema de Crimea". Esta península, geográficamente parte de Ucrania, fue, en rigor, poblada por rusos quienes se la arrebataron a los turcos y la rusificaron. Durante la era Kruchev, que rea ucraniano, el gobierno central todopoderoso pudo darse el lujo de transferir la administración de Crimea de la RSS RUSA a la RSS de Ucrania. Hoy es uno de los principales contenciosos entre Rusia y Europa Occidental que apoya a Ucrania en su reclamación de la península que hoy de nuevo está ocupada por Rusia.

Desde 1993 Rusia utiliza una amplia gama de presiones y alicientes políticos, militares y económicos con el fin de reafirmar su influencia a lo largo y ancho del exterior continuo. Todo en completa sintonía con su política exterior, inspirada en la noción del interés nacional. Su política exterior, por tanto, se ha trazado como meta la defensa y protección de las minorías rusas en los estados vecinos.

Para los líderes rusos, cualquiera sea su orientación ideológica, no será fácil aceptar la pérdida de territorios que Moscú gobernó durante siglos. De allí la determinación de no perder influencia en su antiguo espacio. Sin embargo, desde perspectivas más radicales se ha observado que el imperio ruso se re ensambla a sí mismo, pieza por pieza, buscando reafirmar la clásica ambición imperial de los tiempos de los zares, la Gran Rusia, desde el Mar Báltico hasta Asia Central.

Para ello Rusia se ha conformado como un Estado con un poder ejecutivo fuerte y autoritario, un parlamento débil y la realización de grandes esfuerzos para reconstruir la zona hegemónica con sus vecinos cercanos.

Moscú, buscando asegurar sus intereses, presiona a sus socios de distintas maneras. Las diferencias regionales y la existencia de problemas muy específicos en cada una de las regiones, impiden la formulación de una política unitaria. No obstante, el uso selectivo de mecanismos militares, políticos y económicos salta a la vista.

El papel de la Fuerzas Armadas frente a los brotes de un nacionalismo violento y la importancia de la unificación de criterios en el manejo del arsenal nuclear, parecen indicar la conveniencia de que Moscú desempeñe un rol más activo.

Aunque en el seno de las Fuerzas Armadas existan muchas facciones internas y algunas sean hasta de signo antidemocrático, el papel de éstas, como uno de los poderes organizados a escala central que sobrevivió a la URSS, sigue siendo muy importante. El ejército ha sido un poderoso instrumento de influencia utilizado para proteger o impulsar intereses estratégicos de Moscú. Además, el ejército ha convertido vastas regiones del antiguo imperio en zonas amortiguadoras cuasi-independientes que constituyen un perímetro ampliado para la defensa territorial de Rusia, así como bastiones para la protección de rusos étnicos.

El manejo centralizado del potencial nuclear no sólo interesa a Moscú, que es quien mayores recursos posee en esta área, sino también a occidente. El gobierno de los EEUU es uno de los que más ha presionado en este sentido, porque considera que sólo así se dará cumplimiento a los acuerdos de desarme. El 80% de la industria atómica de la ex URSS se encuentra en Rusia.

La política exterior rusa resalta la importancia de proteger la población de origen ruso esparcida por toda la geografía de la ex URSS. Fuera de la Federación Rusa viven aproximadamente unos 25 millones de rusos étnicos que conforman importantes minorías en Kazajistán, por ejemplo, donde comprenden el 37,8% de la población, así como en Estonia y Letonia, donde representan 30,3% y 34% respectivamente. Existen focos de rusos étnicos en todos los demás estados sucesores, y hay incluso rusos amenazados por leyes discriminatorias, como en Estonia y Letonia que colocan a las minorías rusas en la condición de ciudadanos de segunda.

25 Millones de rusos expatriados del territorio de la Federación Rusa o descendientes de la colonización de finales del siglo XIX -base del carácter multinacional de las repúblicas que integraban la desaparecida URSS- se han convertido en el "dilema serbio" de la dirección rusa: abstención o interferencia en la vida de los nuevos Estados con la excusa de proteger a las minorías eslavas. El problema radica en que todas las ex repúblicas soviéticas tienen poblaciones de etnias rusas asentadas por mucho tiempo, algunas de ellas en proporciones sustanciales.

El caótico sistema económico de la extinta URSS se encargó de hacer plenamente dependientes entre sí a todos sus miembros. El origen de esta situación se remonta a la época de Brezhnev cuando, gracias a la planificación centralizada, se construyeron descomunales fábricas que concentraban en un solo lugar la fabricación de todas las necesidades de uno u otro artículo del país más grande del mundo. De esta situación Rusia busca sacar el mayor provecho posible. La interdependencia económica también se hace evidente cuando Rusia posee el 80% del petróleo de la antigua Unión Soviética y las otras repúblicas son sus rehenes energéticos.

Las cinco repúblicas asiáticas carecen de infraestructura industrial adecuada y deben limitarse a ser exportadoras de materias primas e importadoras de productos manufacturados. Kirguisia y Tadjikistán son las más pobres, meramente agrícolas y padecen un elevadísimo desempleo. Turkmenistán tiene petróleo pero es semidesértica. Uzbekistán tiene grandes recursos naturales, pero el cultivo intensivo del algodón ha arruinado su agricultura. Todas ellas tienen niveles de mortalidad infantil y servicios médicos tercermundistas. No sólo Ucrania y Bielorrusia están a décadas de desarrollo de las zonas asiáticas, sino que incluso la Rusia europea es otro mundo en comparación con las regiones orientales de la federación.

Se debe tener también muy clara la apertura geopolítica de la región. Azerbaiyán, Turkmenistán y parte de Kazajstán y Uzbekistán tienen una gran influencia turca, que Ankara ya capitaliza. Tayikistán y Kirguizia comparten etnias e idiomas con Afganistán. Irán es la potencia más cercana y ambiciosa en la zona. El norte iraní es totalmente azerí, y Teherán ya colabora con Azerbaiyán, al tiempo que ha restablecido relaciones comerciales con Turkmenistán. Pero todas las repúblicas islámicas (menos Azerbaiyán) dependen de la poderosa Kazajstán (segundo productor de petróleo después de Rusia y poseedor de la mayor parte del cinc, el magnesio, el fósforo y la plata de la zona).

Está claro que la historia y potencialidad rusa la llevan a reclamar para sí un rol de liderazgo en la región que nadie le podrá negar.

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